Mire usted, señor Ávila, y también usted, señora Orozco: ya está bien de vender humo y de disfrazar la incoherencia con palabras bonitas. Porque una cosa es querer a Ceuta, y otra muy distinta es representar a los ceutíes. No es lo mismo sentir simpatía por una ciudad que haberla vivido, respirado y sufrido. La Casa de Ceuta en Algeciras no puede ser un club social de “amigos de Ceuta”. Si todo se resume en “querer a Ceuta”, ¿por qué no dejamos también que presida un sevillano la Casa de Galicia? ¿O que un madrileño represente la de Andalucía? Absurdo.
