La formación impartida por Livia Rosales, jefa de la Unidad de Coordinación contra la Violencia sobre la Mujer en Ceuta, dirigida al profesorado en prácticas, va mucho más allá de una simple sesión sobre diversidad sexual. Es, en realidad, un recordatorio de que la escuela es el primer espacio donde se aprende —o se olvida— el valor del respeto. En un momento en el que las redes sociales y ciertos discursos fomentan el enfrentamiento, hablar de inclusión y empatía en las aulas no es una moda: es una necesidad.
