El PSOE de Ceuta ha sacado a relucir una propuesta que, al menos sobre el papel, suena sensata: un plan de cinco años para garantizar el mantenimiento, conservación y vigilancia de los colegios. Miguel Ángel Pérez Triano lo presentó como un proyecto “serio” y despojado de la pelea partidista. Y, la verdad, nadie puede negar que las escuelas de nuestra ciudad necesitan algo más que parches de urgencia.
El PSOE de Ceuta ha sacado a relucir una propuesta que, al menos sobre el papel, suena sensata: un plan de cinco años para garantizar el mantenimiento, conservación y vigilancia de los colegios. Miguel Ángel Pérez Triano lo presentó como un proyecto “serio” y despojado de la pelea partidista. Y, la verdad, nadie puede negar que las escuelas de nuestra ciudad necesitan algo más que parches de urgencia.
El ejemplo del colegio Ramón y Cajal es el recordatorio más crudo: un techo que se viene abajo, alumnos reubicados a la carrera y familias que vuelven a preguntarse cómo es posible que la seguridad de los niños se ponga en entredicho. No hablamos de pintar paredes ni de arreglar ventanas, sino de algo tan básico como garantizar que los edificios no representen un riesgo para quienes los usan a diario.
Ahora bien, conviene ir con cautela. Las buenas intenciones en política se anuncian con frecuencia, pero pocas veces se traducen en realidades palpables. Un plan a cinco años suena bien, pero requiere compromiso presupuestario, coordinación entre administraciones y, sobre todo, voluntad de darle continuidad gobierne quien gobierne. De nada servirá si queda en un titular de rueda de prensa o en un cajón tras el siguiente cambio de rumbo.
Lo que sí está claro es que los colegios de Ceuta no pueden seguir dependiendo de intervenciones improvisadas cuando ya es demasiado tarde. La educación empieza por la seguridad y la dignidad de los espacios donde se forman nuestros hijos. Y ahí no debería caber ni la dejadez ni el politiqueo barato.
Si el PSOE quiere liderar esa apuesta, bienvenido sea. Pero más importante aún es que toda la Asamblea lo entienda como un proyecto común de ciudad. Porque los colegios, al fin y al cabo, no son del PSOE ni del PP: son de los niños. Y ellos no pueden esperar a que los partidos se pongan de acuerdo.
