Es difícil entender cómo alguien que ha pasado años al frente de la ciudad puede mirar hacia otro lado cuando los ciudadanos sufren directamente las consecuencias de decisiones que no deberían afectarles. El reciente episodio del helicóptero de Helity, retrasado media hora para favorecer la llegada de un alto cargo, no es un error administrativo menor: es un ejemplo palpable de despotismo que afecta a personas de a pie. Mientras algunos esperan en vano su transporte, otros disfrutan de privilegios que no deberían existir.
