La presentación de la Encuesta sobre Uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias (ESTUDES 2025) por parte de la ministra de Sanidad, Mónica García, y la delegada Xisca Sureda, no es solo un trámite estadístico; es el diagnóstico anual de la salud de nuestra juventud. Y seamos francos: cuando se habla de drogas y adolescentes, tendemos a ponernos el gorro de alarmistas o, peor, el de avestruces. Toca ver los números con la cabeza fría, pero con la máxima seriedad.
La presentación de la Encuesta sobre Uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias (ESTUDES 2025) por parte de la ministra de Sanidad, Mónica García, y la delegada Xisca Sureda, no es solo un trámite estadístico; es el diagnóstico anual de la salud de nuestra juventud. Y seamos francos: cuando se habla de drogas y adolescentes, tendemos a ponernos el gorro de alarmistas o, peor, el de avestruces. Toca ver los números con la cabeza fría, pero con la máxima seriedad.
El informe nos pone un espejo delante: ¿Qué están consumiendo nuestros jóvenes? La ESTUDES 2025 es un mapa de prevalencias, una fotografía de las sustancias más populares en los últimos doce meses. Si la tendencia se mantiene, veremos la consolidación de ciertas costumbres y, probablemente, la irrupción o el repunte de nuevos desafíos.
El Debate no es Solo la Sustancia, Sino el Contexto
Históricamente, el foco se ha puesto en el que consumen (tabaco, alcohol, cannabis) y, en menor medida, en el cuándo empiezan. Pero la verdadera pregunta que nos lanza la ESTUDES es el por qué. Detrás de cada porcentaje hay un vacío, una curiosidad mal encauzada, o una necesidad de pertenencia.
En la sociedad actual, con la presión académica, la sobreexposición digital y la incertidumbre económica, la adolescencia es un campo minado. El consumo de sustancias no es (solo) un problema de moral, es un síntoma de malestar social y emocional. Si los datos muestran que el alcohol sigue siendo el rey de la barra (y de los botellones), y que el vapeo gana terreno a la velocidad de un reel viral, es porque las estrategias de prevención no están logrando ser más atractivas o persuasivas que la propia sustancia.
La Prevención debe Dejar de ser un 'Sermón'
Necesitamos un cambio de enfoque urgente. Dejemos de tratar la prevención como una charla solemne en un centro cívico. La clave está en la accesibilidad (la facilidad con la que se consiguen ciertas drogas, legales o ilegales) y, sobre todo, en la percepción de riesgo. Si los jóvenes perciben que el vapeo es "menos malo" que el cigarrillo tradicional, la batalla está perdida antes de empezar.
La pelota no está solo en el tejado del Ministerio de Sanidad. Gobiernos, familias, educadores y medios de comunicación tenemos la responsabilidad de interpretar los datos de la ESTUDES 2025 para crear políticas de prevención que sean tan dinámicas y adaptativas como los propios hábitos de consumo.
Necesitamos más educación emocional en las aulas y menos miedo al diálogo abierto en casa.
En definitiva, la ESTUDES nos ha dado los números. Ahora, el reto no es solo compartirlos en un titular, sino usarlos como hoja de ruta para que la próxima encuesta refleje una juventud con más herramientas para decir "no" y, sobre todo, con menos necesidad de buscar un "sí" en la evasión. A ver si para la ESTUDES 2026, la mayor prevalencia es la de jóvenes que duermen ocho horas y leen un libro. Soñar es gratis, prevenir es obligatorio.



