SATSE ha levantado de nuevo la voz —y menos mal— para pedir a la Asamblea que el Presupuesto de 2026 incluya, de una vez por todas, a la enfermería escolar. Y es que, a estas alturas, seguir debatiendo si en los colegios debe haber profesionales de la salud parece casi una broma de mal gusto. No hablamos de un lujo, hablamos de una necesidad básica.
SATSE ha levantado de nuevo la voz —y menos mal— para pedir a la Asamblea que el Presupuesto de 2026 incluya, de una vez por todas, a la enfermería escolar. Y es que, a estas alturas, seguir debatiendo si en los colegios debe haber profesionales de la salud parece casi una broma de mal gusto. No hablamos de un lujo, hablamos de una necesidad básica.
Cualquiera que tenga hijos, sobrinos o que simplemente se pase por la puerta de un cole a la hora de salida sabe que la infancia viene con rodillas raspadas, alergias repentinas y sustos que no avisan. Y no, no basta con que “la profe tenga un botiquín”. La realidad es que la comunidad educativa carga con una responsabilidad sanitaria que no le corresponde.
Lo que SATSE plantea no es una extravagancia sindical, sino un mínimo de sentido común: garantizar que cada centro escolar cuente con un profesional preparado para atender emergencias, gestionar enfermedades crónicas y promover hábitos saludables. En un país que presume de apostar por la educación y la salud pública, sorprende que aún sigamos en este punto.
La Asamblea tiene ahora la oportunidad —y la responsabilidad— de corregir esta carencia histórica. Incluir la enfermería escolar en los Presupuestos de 2026 no es solo una inversión en bienestar, sino un gesto claro de que la política puede ponerse, por una vez, al ritmo de las necesidades reales de la gente.
Ojalá esta vez no nos quedemos en promesas. Porque, cuando se trata de cuidar a los más pequeños, no hay excusa que valga.
