La noticia de última hora sobre la guerra en Irán y la decisión de Donald Trump de extender el alto el fuego hasta que Teherán presente una propuesta de acuerdo suena, sobre el papel, a intento de contención. Pero en el ambiente internacional no hay mucha fe: todo se percibe frágil, como si cualquier chispa pudiera volver a encenderlo todo.

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Las palabras de Pedro Sánchez llamando a “defender la democracia” frente a guerras y desigualdad suenan bien, incluso necesarias. Pero el problema no está en el discurso, sino en la coherencia. Porque no basta con invocar grandes principios si luego la práctica política va en dirección contraria.

Resulta difícil tomarse en serio ese llamamiento cuando el propio Gobierno ha abusado del decreto ley como vía habitual para sacar adelante medidas, esquivando en muchas ocasiones un debate parlamentario más profundo. Gobernar así puede ser legal, sí, pero distorsiona el equilibrio institucional y reduce el papel de las Cortes a un mero trámite.

Tampoco ayuda la forma en que se han gestionado los apoyos para mantenerse en el poder. Pactar es parte del juego democrático, pero hacerlo a cualquier precio genera dudas legítimas. Cuando esos acuerdos implican cesiones controvertidas o contradicen compromisos previos, la sensación no es de fortalecimiento democrático, sino de oportunismo político.

Por eso, cuando se habla de “no basta con resistir, hay que proponer”, la frase queda vacía si no va acompañada de una forma de gobernar más respetuosa con las reglas del juego y con la confianza de los ciudadanos. La democracia no se defiende solo con palabras grandilocuentes, sino con hechos consistentes.

Al final, la credibilidad lo es todo. Y en política, especialmente cuando se apela a valores tan fundamentales, las contradicciones pesan más que cualquier discurso bien construido.

La reciente declaración de María Jesús Montero, situando al PSOE como la “única alternativa” frente al supuesto desmantelamiento de lo público, vuelve a poner sobre la mesa un discurso que ya suena demasiado repetido. La promesa de “rescatar la sanidad” es potente sobre el papel, pero también exige credibilidad, algo que no se construye solo con palabras.

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Que Pedro Sánchez recurra ahora al სიტყვ término “traición” dice más de la situación política que de sus adversarios. No por el contenido de la crítica, sino por la evidente contradicción de quien la pronuncia. Resulta difícil aceptar lecciones de lealtad institucional de un presidente cuya trayectoria reciente ha estado marcada, precisamente, por continuos giros y cesiones que han desdibujado sus propios compromisos.

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Ceuta, Miercoles 29 de Julio del 2026

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