La economía española vuelve a demostrar que, por mucho que presumamos de recuperación, seguimos viviendo pendientes de lo que ocurra a miles de kilómetros. Basta con que suba la tensión en Irán para que tiemble el precio de la energía, se recalculen las previsiones de crecimiento y vuelva a encarecerse la vida cotidiana. La geopolítica ya no se estudia solo en las facultades; se siente en el supermercado y en la gasolinera.