La salida de José Ángel Antelo en Murcia no es solo un relevo interno más. Es el síntoma de un problema que en Vox se repite con una frecuencia preocupante: cada vez que una estructura territorial gana peso propio, acaba chocando con la dirección nacional. Y cuando eso ocurre, la balanza casi siempre cae del lado de Madrid. Esta vez, la decisión atribuida al liderazgo de Santiago Abascal supone, en la práctica, el desmantelamiento de una de las últimas grandes “baronías” que quedaban en pie.
