Cuando estalla un conflicto en un lugar que parece lejano, como Irán, muchos tienden a pensar que España lo verá solo por televisión. Pero la economía global tiene un efecto dominó bastante claro: si una pieza cae, el resto termina tambaleándose. Un conflicto en una región clave para la energía significa casi siempre lo mismo para Europa: petróleo más caro, transporte más caro y, al final, una subida generalizada de precios.
