En Ceuta seguimos tropezando con la misma piedra: las ordenanzas de limpieza existen, pero no siempre se hacen cumplir. La ciudad no se limpia solo con camiones y barredoras; hace falta civismo y, sobre todo, una Policía Local presente y aplicada, con controles visibles y sanciones cuando toca. Una semana de vigilancia intensa bastaría para que muchos se lo pensaran dos veces.
En Ceuta seguimos tropezando con la misma piedra: las ordenanzas de limpieza existen, pero no siempre se hacen cumplir. La ciudad no se limpia solo con camiones y barredoras; hace falta civismo y, sobre todo, una Policía Local presente y aplicada, con controles visibles y sanciones cuando toca. Una semana de vigilancia intensa bastaría para que muchos se lo pensaran dos veces.
Si se está valorando cambiar cosas en Servilimpce por estos motivos, la coherencia exige mirar también a la otra pata del sistema: la jefatura encargada de hacer cumplir esas normas. Señor alcalde, si quiere medir, mida completo. No es razonable cargar todo el peso en la empresa y dejar indemne la estructura que debe garantizar el cumplimiento en la calle.
Por eso, si de cambios hablamos, lo justo sería sentarse y valorar también cambiar la forma de actuar de la policía local y su jefe con el incivismo. No por capricho, sino por responsabilidad compartida y por respeto a los ceutíes: mismo problema, mismo rasero. Quien no cumpla, sea donde sea, debe asumir consecuencias.
La salida pasa por liderazgo y un plan integral: campañas de concienciación, calendario de controles, datos públicos de inspecciones y sanciones, y, si procede, relevos en los puestos clave. Ceuta no se limpia sola; la ley está escrita para cumplirse y aplicarse… a todos.
La ciudadanía está cansada de ver cómo se apunta siempre al mismo chivo expiatorio. Servilimpce hace lo que puede con los medios que tiene, pero la limpieza de Ceuta no mejorará si no hay una estrategia global en la que todos cumplan: empresa, vecinos y autoridades. Y eso, señor alcalde, requiere liderazgo y decisiones claras.
Hacer cumplir las ordenanzas de limpieza no es un capricho, es una necesidad de ciudad. Si se empieza por ahí, Ceuta lo notará en cuestión de días.




