No hace falta ser experto en bienestar animal para entender que dejar a perros y gatos más de un día entero sin cuidados, sin comida, sin medicación y sin limpiar sus espacios es, sencillamente, inaceptable. Y, sin embargo, eso es lo que —según diversas denuncias— estaría ocurriendo cada fin de semana en el Centro Zoosanitario de la Ciudad. No hablamos de un descuido puntual, sino de una rutina peligrosa que deja a seres vivos completamente desamparados.
No hace falta ser experto en bienestar animal para entender que dejar a perros y gatos más de un día entero sin cuidados, sin comida, sin medicación y sin limpiar sus espacios es, sencillamente, inaceptable. Y, sin embargo, eso es lo que —según diversas denuncias— estaría ocurriendo cada fin de semana en el Centro Zoosanitario de la Ciudad. No hablamos de un descuido puntual, sino de una rutina peligrosa que deja a seres vivos completamente desamparados.
Las normas son claras y obligan a garantizar atención diaria. No es una sugerencia, es ley. Cuando la administración falla en algo tan básico, el mensaje que transmite es demoledor: que el bienestar animal no les importa lo suficiente como para organizar un mínimo servicio. Y cuesta creerlo, más aún cuando se asegura que existe personal en otras áreas, bolsas de refuerzo y mecanismos para cubrir ausencias.
A quienes tienen responsabilidades políticas en la Ciudad les corresponde revisar esta situación de inmediato y solucionarla sin excusas. Hablamos de seres vivos a los que la propia administración tiene bajo su tutela. Dejar pasar un fin de semana más en estas condiciones sería mirar hacia otro lado ante un problema que ya huele —y no precisamente por los cheniles sin limpiar— a negligencia.
Y al presidente Vivas, con todo respeto, habría que invitarle a hacer un ejercicio muy sencillo: pensar cómo viviría su gato si pasara más de veinte horas sin comer, sin agua fresca, sin medicación y rodeado de suciedad. Nadie consideraría eso aceptable. Por eso mismo, lo mínimo es interesarse personalmente por lo que ocurre en estas instalaciones y, si no es cierto, desmentirlo con claridad y pruebas.
La ciudadanía merece transparencia y soluciones, no silencios. Y los animales, desde luego, merecen bastante más de lo que están recibiendo ahora mismo.




