Las últimas revelaciones judiciales sobre la actuación —o más bien, la inacción— de la Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ) durante la DANA vuelven a poner a Teresa Ribera en el punto de mira, justo cuando Europa observa con lupa la gestión medioambiental del Gobierno. No se trata solo de una cuestión técnica o administrativa; es la imagen de toda una exvicepresidenta, que durante años ha presumido de liderazgo climático, la que ahora queda tocada por los ecos de una riada que arrasó sin que nadie pareciera estar al timón.