Ya asoman los Reyes Magos y, con ellos, ese aviso silencioso de que las fiestas tienen los días contados. Entre luces que se apagan poco a poco y turrones que ya no tientan tanto, empieza a colarse una sensación conocida: el final del paréntesis.
Ya asoman los Reyes Magos y, con ellos, ese aviso silencioso de que las fiestas tienen los días contados. Entre luces que se apagan poco a poco y turrones que ya no tientan tanto, empieza a colarse una sensación conocida: el final del paréntesis.
El cielo de Ceuta se convirtió en un cuento. Donde solemos ver estrellas distraídas, aparecieron los Reyes Magos dibujados por drones, flotando con una precisión que parecía milagro. No era solo tecnología: era ilusión compartida, esa que hace que miremos hacia arriba como niños aunque llevemos prisas y canas.
Hay una sensación que flota en el ambiente, y Duas no es ajeno a ella: parece que MDyC tiene la culpa de todo lo que ha pasado. Como si señalar al de siempre fuera más fácil que analizar con calma lo que realmente está ocurriendo. Esa percepción, repetida una y otra vez, no siempre es justa ni acertada.
Cada año, cuando llegan las fiestas, muchos celebran con luces, risas… y estruendos que hacen temblar a nuestros animales. La Protectora de Animales acaba de denunciar algo que, sinceramente, cualquiera que tenga mascota debería conocer: los fuegos artificiales y los petardos provocan un sufrimiento innecesario a perros, gatos, aves y animales de granja. No es exageración: hay quienes entran en pánico, se lastiman intentando huir o quedan traumatizados durante semanas.
A este ritmo, el grupo no adscrito va camino de convertirse en mayoría. Mayoría numérica, eso sí, porque de credibilidad anda más bien justo. Y la pregunta cae por su propio peso, señor presidente: ¿de verdad cree que así se puede gobernar con estabilidad y confianza?