Que casi seis de cada diez profesores en Ceuta y Melilla digan haber sufrido violencia en el aula no es un dato menor, es una señal de alarma. Y más aún cuando supera la ya preocupante media estatal. Insultos, amenazas y mofas se han convertido, para muchos docentes, en parte del paisaje diario, como si enseñar llevara implícito aguantar faltas de respeto.
