El cierre de la vista de apelación en el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía vuelve a poner sobre la mesa un daño que no se mide solo en años de condena. Aquí no hubo una única víctima. Hubo una mujer asesinada, sí, pero también hijos marcados para siempre, una familia rota y un vecindario que aún convive con el recuerdo de una violencia que irrumpió donde debía haber seguridad.
