Lo vivido este jueves en la Asamblea de Ceuta no fue un simple revés parlamentario: fue la confirmación pública de una realidad que ya se intuía. Carlos Verdejo se presentó con una moción etérea, sin apoyos, sin candidato y sin proyecto, y salió retratado como lo que hoy es: un político solo, sin aliados y sin credibilidad. Diecinueve votos en contra y uno a favor —el suyo— no dejan margen para la épica ni para la excusa.
Lo vivido este jueves en la Asamblea de Ceuta no fue un simple revés parlamentario: fue la confirmación pública de una realidad que ya se intuía. Carlos Verdejo se presentó con una moción etérea, sin apoyos, sin candidato y sin proyecto, y salió retratado como lo que hoy es: un político solo, sin aliados y sin credibilidad. Diecinueve votos en contra y uno a favor —el suyo— no dejan margen para la épica ni para la excusa.
Intentó vender la aritmética como si la política fuera una calculadora y no un ejercicio de confianza, coherencia y acuerdos. Habló de “catarsis”, de clientelismo y de finales de ciclo, pero no convenció a nadie. Ni siquiera a quienes discrepan abiertamente del Gobierno de Juan Vivas. Porque para liderar un cambio no basta con señalar al adversario: hay que ofrecer algo más que ruido y titulares.
El rechazo fue transversal y demoledor. PSOE, MDyC, Ceuta Ya! y PP coincidieron —cada uno desde su orilla— en desautorizar una propuesta que rozó la charlotada institucional. Y Vox, con su espantada del pleno, terminó de subrayar el aislamiento absoluto de Verdejo. No lo quieren a un lado ni al otro. Y eso, en política, es una sentencia casi definitiva.
Lo más llamativo es que este naufragio no es fruto de una conspiración ajena, sino de una trayectoria errática que él mismo se ha labrado, a pulso. Puentes quemados, discursos sin recorrido y una incapacidad manifiesta para generar confianza han convertido su escaño en una isla estéril. Nadie compra lo que vende, porque ya nadie cree en el vendedor.
Así que sí, este jueves Verdejo se mostró como un cadáver político. Sin influencia, sin socios y sin futuro. La Asamblea habló con claridad y la política ceutí pasó página. Lo demás son pataleos de quien ya no cuenta en la partida.
