A este ritmo, el grupo no adscrito va camino de convertirse en mayoría. Mayoría numérica, eso sí, porque de credibilidad anda más bien justo. Y la pregunta cae por su propio peso, señor presidente: ¿de verdad cree que así se puede gobernar con estabilidad y confianza?
A este ritmo, el grupo no adscrito va camino de convertirse en mayoría. Mayoría numérica, eso sí, porque de credibilidad anda más bien justo. Y la pregunta cae por su propio peso, señor presidente: ¿de verdad cree que así se puede gobernar con estabilidad y confianza?
No parece que a usted le guste demasiado tener a uno de estos perfiles en sus propias filas, y no es para menos. El problema es que cuando se abre la puerta al “todo vale”, luego no se puede uno sorprender de que entren intereses personales, cálculos cortoplacistas y lealtades de quita y pon.
Gobernar apoyándose en quienes levantan la mano según les conviene ese día es jugar con fuego. Sin control, sin disciplina y sin un proyecto común, el pleno se convierte en un mercadillo político donde cada voto tiene precio, aunque no siempre factura.
La política necesita acuerdos, sí, pero también principios y responsabilidad. Porque sumar apoyos sin coherencia puede dar titulares y mayorías momentáneas, pero a la larga deja instituciones debilitadas y ciudadanos cada vez más escépticos.
Al final, señor presidente, no se trata solo de contar votos, sino de saber con quién se cuentan. Y eso, por mucho que se maquille, sigue marcando la diferencia entre gobernar y simplemente sobrevivir.
