El presidente Juan Vivas ha vuelto a Madrid a vender las virtudes de Ceuta como tierra de oportunidades. Esta vez, para participar en una charla sobre inversión en la ciudad autónoma. Hasta ahí, todo parece razonable. Pero cuando uno se entera de que en la sala apenas había una quincena de personas —y que más de la mitad eran miembros del séquito ceutí—, la cosa cambia. Porque esto ya no va de promocionar Ceuta, sino de justificar viajes institucionales que cuestan dinero público.
