Después de décadas de políticas de igualdad, de millones invertidos y de una avalancha legislativa que ya marea, la sensación generalizada es que seguimos en el mismo sitio o, peor aún, que cada paso adelante viene acompañado de una bronca monumental. Ahora, el Gobierno, que lleva ya dos legislaturas al mando, vuelve a la carga con el asunto y lo lleva al pleno este lunes. Vaya tela. ¿No será que el problema no es solo de leyes, sino también de enfoque?
Después de décadas de políticas de igualdad, de millones invertidos y de una avalancha legislativa que ya marea, la sensación generalizada es que seguimos en el mismo sitio o, peor aún, que cada paso adelante viene acompañado de una bronca monumental. Ahora, el Gobierno, que lleva ya dos legislaturas al mando, vuelve a la carga con el asunto y lo lleva al pleno este lunes. Vaya tela. ¿No será que el problema no es solo de leyes, sino también de enfoque?
Porque claro, una cosa es predicar y otra dar trigo. Mucho ministerio, mucha pancarta y muchos discursos grandilocuentes, pero en la calle, en el trabajo o en casa, las desigualdades reales siguen siendo tozudas. Y no es que la gente no quiera avanzar, es que quizá la forma en que se plantea el debate está agotada. Si a eso le sumamos la sensación de que hay una industria montada en torno al feminismo institucional, la desconfianza crece.
También hay que preguntarse si el nivel político que tenemos está a la altura. A veces parece que las medidas se toman más para quedar bien en redes que para cambiar de verdad la vida de la gente. ¿O será que los españoles somos muy dados a protestarlo todo, incluso cuando se intenta hacer algo bueno? Lo que está claro es que hay ruido, mucho ruido, y pocas nueces.
El debate sobre la igualdad debería ser serio, riguroso y, sobre todo, eficaz. Y eso no se consigue con más leyes, sino con resultados tangibles. Si después de tanto tiempo seguimos con las mismas quejas, algo está fallando. O no se está haciendo bien, o simplemente se está haciendo para aparentar.
Este lunes, el pleno volverá a llenarse de discursos repetidos y posiciones enfrentadas. Y mientras tanto, muchas mujeres y hombres seguirán sin notar cambios en su día a día. Igual va siendo hora de dejar de hablar tanto y empezar a resolver de verdad.
