Es una vergüenza que un menor de edad haya protagonizado un acto tan irresponsable y violento, lanzando objetos contundentes a los policías mientras escoltaban un autobús. La situación pone de manifiesto una profunda falta de respeto por la autoridad y por la seguridad de los demás. Lo preocupante no es solo el acto en sí, sino el trasfondo de una juventud cada vez más propensa a la violencia, como si ya no quedaran límites para el comportamiento socialmente aceptable.
