El anuncio del Gobierno de Ceuta de que prevé tener lista la ordenanza de zonas de bajas emisiones antes del verano suena más a intento de cumplir con el expediente que a una verdadera apuesta por la sostenibilidad. Seamos claros: esta normativa no es nueva. Llevamos años sabiendo que todas las ciudades de más de 50.000 habitantes debían implantarla, pero Ceuta ha preferido dejarlo todo para última hora. Ahora, con el reloj en contra, corre el riesgo de improvisar una norma poco eficaz y nada consensuada.
El anuncio del Gobierno de Ceuta de que prevé tener lista la ordenanza de zonas de bajas emisiones antes del verano suena más a intento de cumplir con el expediente que a una verdadera apuesta por la sostenibilidad. Seamos claros: esta normativa no es nueva. Llevamos años sabiendo que todas las ciudades de más de 50.000 habitantes debían implantarla, pero Ceuta ha preferido dejarlo todo para última hora. Ahora, con el reloj en contra, corre el riesgo de improvisar una norma poco eficaz y nada consensuada.
Es preocupante que una cuestión tan seria como la calidad del aire y la salud pública se trate con semejante desgana. Mientras otras ciudades llevan tiempo aplicando medidas, informando a la ciudadanía y adaptando sus infraestructuras, aquí seguimos en la fase de "prevemos". Y encima, a las puertas del verano, cuando todo se paraliza. ¿De verdad esperan que esta ordenanza entre en vigor de manera ordenada y efectiva?
Además, preocupa el enfoque con el que se está gestando esta normativa. Poco se sabe de cómo se va a aplicar, qué calles se verán afectadas, qué vehículos estarán restringidos o qué alternativas se van a ofrecer a los ciudadanos. Falta información, falta transparencia y, sobre todo, falta voluntad de diálogo con los sectores implicados. No se puede gobernar a golpe de ocurrencia ni apurando los plazos por miedo a sanciones europeas.
La movilidad sostenible no puede abordarse como una carga impuesta desde fuera, sino como una oportunidad para mejorar la ciudad, hacerla más habitable y proteger la salud de todos. Pero en Ceuta, una vez más, llegamos tarde, mal y con prisas. Y así es muy difícil que las cosas salgan bien.
Ceuta necesita planificación, no parches. Las prisas nunca fueron buenas consejeras, y menos aún cuando se trata de transformar la forma en la que nos movemos y respiramos en nuestra ciudad. Ojalá esta ordenanza no acabe siendo solo otro papel mojado.
