Cada verano se repite la misma escena. Ceuta se llena de coches, colas interminables, controles y un ir y venir constante de personas que cruzan hacia Marruecos o regresan a Europa. Las cifras impresionan y los responsables políticos las presentan como un éxito organizativo. Sin embargo, detrás de los números hay una pregunta que cada vez más ceutíes se hacen: ¿qué gana realmente la ciudad con todo esto?
