Ceuta tiene un problema cuando algunos pretenden explicar la ciudad desde un despacho en Madrid, con mapas mentales hechos a base de tópicos, miedo y discursos de trazo grueso. Aquí no se vive la realidad que algunos venden en tertulias o campañas electorales. Aquí la convivencia no es un eslogan institucional ni una pancarta de feria: es el vecino que te saluda, el comerciante que te fía, el compañero de trabajo con el que compartes café y problemas a final de mes. Esa es la verdadera “realidad ceutí” que muchos utilizan, pero pocos conocen de verdad.
