El Estrecho no se mide en millas náuticas, sino en el nudo que se le hace en el estómago a cualquier caballa cuando intenta organizar un fin de semana fuera de la ciudad. Llevamos décadas protestando por las tarifas abusivas y fiscalizando los minutos de retraso de cada rotación, tratándonos a nosotros mismos como meros clientes insatisfechos de una naviera. Pero el verdadero drama del cordón umbilical de Ceuta no es económico; es un problema de desarraigo emocional y soberanía personal.
