La Sentencia
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Cada verano se repite la misma escena. Ceuta se llena de coches, colas interminables, controles y un ir y venir constante de personas que cruzan hacia Marruecos o regresan a Europa. Las cifras impresionan y los responsables políticos las presentan como un éxito organizativo. Sin embargo, detrás de los números hay una pregunta que cada vez más ceutíes se hacen: ¿qué gana realmente la ciudad con todo esto?

Cada verano se repite la misma escena. Ceuta se llena de coches, colas interminables, controles y un ir y venir constante de personas que cruzan hacia Marruecos o regresan a Europa. Las cifras impresionan y los responsables políticos las presentan como un éxito organizativo. Sin embargo, detrás de los números hay una pregunta que cada vez más ceutíes se hacen: ¿qué gana realmente la ciudad con todo esto?

La respuesta, si se observa la realidad sin maquillaje, parece bastante simple: muy poco. La inmensa mayoría de los viajeros no viene a conocer Ceuta, ni a consumir en sus comercios, ni a pasar unos días en sus hoteles. Vienen de paso. Entran, esperan, embarcan o desembarcan y continúan su ruta. Mientras tanto, la ciudad soporta atascos, molestias, saturación de espacios públicos y un despliegue extraordinario de recursos que altera la vida cotidiana de miles de vecinos.

Resulta llamativo que cada año se destaque el volumen de viajeros como si fuera un indicador de prosperidad para Ceuta. Medio millón de personas cruzando por la ciudad debería traducirse en una inyección económica importante, pero la sensación general es justamente la contraria. El beneficio es tan limitado que cuesta encontrar a alguien que pueda explicar con claridad en qué mejora la vida de los ceutíes cuando llega la OPE.

Este año, además, la presencia de Frontex, la Operación Minerva y los nuevos controles biométricos europeos añaden más presión a una frontera que ya funciona al límite durante estas fechas. Se refuerza la seguridad, se movilizan más efectivos y se destinan más recursos públicos, pero el papel de Ceuta sigue siendo el mismo: servir de corredor logístico para un fenómeno internacional cuyos beneficios terminan quedándose en otros lugares.

La OPE puede ser necesaria y su organización puede ser impecable, pero eso no obliga a aceptar el relato triunfalista que suele acompañarla. Para muchos ceutíes, lejos de ser una oportunidad, representa un sacrificio anual que la ciudad asume sin recibir una compensación justa. Y quizás haya llegado el momento de dejar de celebrar que cientos de miles de personas pasen por Ceuta y empezar a preguntarse por qué casi ninguna se queda.

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Ceuta, Miercoles 05 de Agosto del 2026

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