Que la Universidad de Granada siga ampliando su oferta con nuevos grados y másteres es, sin duda, una buena noticia. Siempre suma que haya más opciones para formarse y especializarse. Pero, cuando uno baja a la realidad de sitios como Ceuta, la alegría se queda un poco a medias.
Que la Universidad de Granada siga ampliando su oferta con nuevos grados y másteres es, sin duda, una buena noticia. Siempre suma que haya más opciones para formarse y especializarse. Pero, cuando uno baja a la realidad de sitios como Ceuta, la alegría se queda un poco a medias.
Porque aquí el problema de fondo sigue sin resolverse y ya empieza a pesar: los jóvenes ceutíes siguen teniendo que irse fuera para estudiar carreras tan básicas como Medicina o Farmacia. Y eso no es solo “irse a estudiar”, es cargar a muchas familias con gastos enormes en ciudades como Granada, Sevilla o Málaga, algo que no todo el mundo puede asumir.
Y al final, esto va más allá de la universidad en sí. Hablamos de igualdad de oportunidades de verdad, no en teoría. Porque no debería depender del código postal de cada uno el poder estudiar lo que quiere o lo que se le da bien. Y en Ceuta esto se nota, y mucho.
Está muy bien que se sigan sumando titulaciones en grandes campus, pero quizá toca mirar también a los sitios donde faltan cosas básicas. No como un privilegio, sino como una necesidad real.
Porque si de verdad queremos que el talento no se pierda por el camino, habrá que hacer algo más que aplaudir desde la distancia.
