Hay algo que chirría —y mucho— cuando uno hace cuentas a final de mes: mientras muchas familias van cada vez más justas, el Estado parece nadar en una recaudación récord. No es una sensación aislada, es una realidad que se percibe en la cesta de la compra, en la factura de la luz y en cada ticket del supermercado. Y en el centro de esa paradoja está el Gobierno de Pedro Sánchez, que presume de cifras macroeconómicas mientras el ciudadano de a pie hace malabares para llegar al día 30.
