Resulta difícil no arquear la ceja al conocer que un mando de la Guardia Civil implicado en la investigación del caso de Dolores Vázquez haya terminado ocupando un alto cargo en Interior. No hablamos de un expediente brillante precisamente, sino de uno de esos episodios que, con el tiempo, han quedado como ejemplo de cómo no se debe hacer una investigación. Y, sin embargo, aquí estamos: ascensos, despachos y silencio incómodo.
