La reciente declaración de la Conferencia Episcopal, reconociendo con dolor la “verosimilitud” de la acusación contra el obispo Zornoza, ha dejado a muchos fieles y ciudadanos con el corazón encogido. No es fácil asimilar que alguien a quien se le tenía respeto, afecto y hasta admiración pueda estar bajo la sombra de un señalamiento tan grave. Es una noticia que remueve, no solo por lo que implica, sino porque toca de lleno la confianza que la gente deposita en sus pastores.
