Que Ceuta se lleve el premio al mejor corto de los centros penitenciarios de España no es solo un reconocimiento artístico: es una bocanada de aire fresco en un tema que suele estar cargado de estigmas. Ver a reclusos convertidos en actores, contándonos historias, nos recuerda que detrás de cada uniforme hay personas capaces de crear, emocionar y transmitir.
