Hay un ruido de fondo en la radiotelevisión pública de Ceuta. No es el de los micrófonos en directo, ni la sintonía de un programa. Es un ruido más sordo, el de los pasillos, el de las salas de reuniones, el de los despachos. Es el sonido de una institución que parece navegar en una tormenta permanente, donde la gestión cotidiana se convierte en noticia y el propio funcionamiento interno es objeto de escrutinio y controversia.
