La denuncia del Sindicato Médico de Ceuta (SMC) sobre el ascensor averiado en el centro de salud del Recinto es mucho más que una simple queja, es la perfecta metáfora del estado actual de nuestra sanidad pública. El hecho es tan sencillo como indignante: un único ascensor, la vía vital para pacientes con movilidad reducida y personas mayores que acuden a este centro, lleva más de dos semanas paralizado. Y lo más grave no es la avería, sino la ausencia de una solución efectiva.
La denuncia del Sindicato Médico de Ceuta (SMC) sobre el ascensor averiado en el centro de salud del Recinto es mucho más que una simple queja, es la perfecta metáfora del estado actual de nuestra sanidad pública. El hecho es tan sencillo como indignante: un único ascensor, la vía vital para pacientes con movilidad reducida y personas mayores que acuden a este centro, lleva más de dos semanas paralizado. Y lo más grave no es la avería, sino la ausencia de una solución efectiva.
Imaginemos por un momento: una persona en silla de ruedas, un paciente con problemas cardíacos que necesita subir al segundo piso para su consulta, o un sanitario que debe trasladar material urgente. Para ellos, el ascensor no es un lujo; es una cuestión de dignidad y acceso al servicio básico de salud.
Que una instalación esencial permanezca inoperativa durante catorce días (o más) en un centro sanitario es, simplemente, una dejadez que bordea la incompetencia.
Si nuestra sanidad es incapaz de gestionar el arreglo de un ascensor en un tiempo razonable, ¿qué confianza podemos tener en la agilidad para gestionar una lista de espera quirúrgica o la falta de especialistas?
El SMC apunta, con razón, a la "indignación completa" de trabajadores, pacientes y usuarios. Pero la crítica va un paso más allá y aterriza directamente en el terreno político. La denuncia señala que esta inacción está causando un grave daño al PSOE desde la Delegación del Gobierno.
El desgaste no lo provoca la oposición; lo provoca la mala gestión visible y palpable por el ciudadano. Cuando los problemas cotidianos, los que afectan directamente al bienestar de los votantes, se ignoran o se demoran inexplicablemente, el mensaje que se envía es de desconexión total. No hay mitin ni campaña electoral que compense el enfado de tener que subir escaleras con muletas.
Si la Delegación del Gobierno no es capaz de presionar o de acelerar los trámites burocráticos para reparar una infraestructura crítica en un servicio esencial, está permitiendo que una avería mecánica se convierta en un fallo político mayor. Están, literalmente, dejando que un ascensor roto mine la confianza en la capacidad de gestión del partido que representan.
Es hora de exigir responsabilidades, no para buscar cabezas de turco, sino para forzar la acción. El centro de salud del Recinto en Ceuta necesita su ascensor hoy. Los ciudadanos merecen una sanidad que funcione de forma integral, y eso incluye una burocracia ágil para arreglar aquello que se rompe.
Que este episodio sirva de recordatorio: el estado de un país se mide en las grandes cumbres, sí, pero también en el funcionamiento de un ascensor en un centro de salud. Y, francamente, ahora mismo, nuestra sanidad en Ceuta se está quedando a pie de calle. Urge que quienes tienen la responsabilidad de gestionar dejen de mirar hacia otro lado y pulsen el botón de "Subir"
