En Ceuta, cada temporal parece traer el mismo susto: árboles caídos, ramas enormes en el suelo y vecinos mirando al cielo con más miedo que alivio cuando pasa la tormenta. No es mala suerte ni casualidad. Es el resultado de una dejadez que se viene repitiendo y que, por mucho que se quiera esquivar, ya no se puede tapar con excusas.
