La propuesta de MDyC de sustituir los fuegos artificiales tradicionales por espectáculos de luces no es ninguna excentricidad moderna, es puro sentido común. Las celebraciones están pensadas para unir, no para dejar fuera a personas con sensibilidad auditiva, familias con niños pequeños o dueños de animales que viven esos minutos de “fiesta” como una auténtica pesadilla.
La propuesta de MDyC de sustituir los fuegos artificiales tradicionales por espectáculos de luces no es ninguna excentricidad moderna, es puro sentido común. Las celebraciones están pensadas para unir, no para dejar fuera a personas con sensibilidad auditiva, familias con niños pequeños o dueños de animales que viven esos minutos de “fiesta” como una auténtica pesadilla.
Hoy en día, quien quiera sorprender no necesita recurrir a explosiones ensordecedoras. Existen fuegos artificiales sin ruido, juegos de luces sincronizadas con música suave, proyecciones sobre edificios e incluso espectáculos con drones que dibujan figuras en el cielo. Creatividad hay de sobra; lo único que hace falta es voluntad.
Además, estas alternativas no solo son más inclusivas, sino también más seguras y, en muchos casos, más sostenibles. Menos humo, menos residuos y menos sobresaltos. Celebrar no debería implicar contaminar ni alterar la tranquilidad de toda una ciudad durante la noche.
Cambiar no significa perder tradición, sino adaptarla a los tiempos. Las fiestas pueden seguir siendo espectaculares, emocionantes y memorables sin necesidad de hacer ruido. Quizá ha llegado el momento de entender que una celebración de verdad es aquella en la que nadie tiene que taparse los oídos para disfrutarla.
