No hay justificación posible. Que una auxiliar de ayuda a domicilio —una trabajadora que entra en casas ajenas a cuidar, acompañar y dignificar la vida de personas dependientes— sufra una agresión en el ejercicio de su labor es, simplemente, inaceptable. Así lo ha denunciado UGT Servicios Públicos, y no podemos quedarnos callados ante semejante atropello. La violencia, venga de donde venga, nunca es la respuesta, y menos aún cuando se dirige contra quienes se dedican a prestar cuidados esenciales.
