En Ceuta circula desde hace tiempo un dicho popular que, entre risas y resignación, resume una sospecha latente: “Cuando se trata de políticos, la justicia se queda en el Estrecho”. Una frase que suena a chiste pero que encierra una desconfianza preocupante. Y claro, con cada nueva jornada jurídica organizada en la ciudad, muchos se preguntan si estas citas con toga y protocolo son simples escaparates para maquillar una realidad que poco cambia.
En Ceuta circula desde hace tiempo un dicho popular que, entre risas y resignación, resume una sospecha latente: “Cuando se trata de políticos, la justicia se queda en el Estrecho”. Una frase que suena a chiste pero que encierra una desconfianza preocupante. Y claro, con cada nueva jornada jurídica organizada en la ciudad, muchos se preguntan si estas citas con toga y protocolo son simples escaparates para maquillar una realidad que poco cambia.
Las jornadas jurídicas están muy bien: se habla de derechos, de garantías, de independencia judicial... todo muy solemne. Pero mientras se suceden las ponencias en salones bien iluminados, los ceutíes siguen viendo cómo casos relacionados con figuras públicas se alargan, se diluyen o, directamente, ni se inician. Y eso, queramos o no, erosiona la fe en un sistema que debería ser ciego, pero que aquí parece que a veces entreabre los ojos.
No es que desconfiemos de la Justicia en mayúsculas —hay profesionales honestos que se dejan la piel—, pero lo que nos chirría es el doble rasero. Para el ciudadano de a pie, el peso de la ley es contundente; para algunos con carné de partido, parece más bien una pluma que acaricia. Y eso, en una ciudad pequeña como la nuestra, no pasa desapercibido.
Así que no, no nos extrañaría que estas jornadas, tan cuidadas en lo formal, se conviertan en un nuevo capítulo del teatro de la apariencia. Porque si de verdad queremos que cambie la percepción, hace falta algo más que discursos: hacen falta hechos, sentencias firmes y puertas abiertas, también para los que se sientan en los despachos más altos.
Mientras eso no ocurra, el dicho seguirá vivo. Porque en Ceuta, ya se sabe: cuando se trata de políticos, la justicia —la de verdad— parece que se ahoga antes de cruzar el Estrecho.
