La Sentencia
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No hay justificación posible. Que una auxiliar de ayuda a domicilio —una trabajadora que entra en casas ajenas a cuidar, acompañar y dignificar la vida de personas dependientes— sufra una agresión en el ejercicio de su labor es, simplemente, inaceptable. Así lo ha denunciado UGT Servicios Públicos, y no podemos quedarnos callados ante semejante atropello. La violencia, venga de donde venga, nunca es la respuesta, y menos aún cuando se dirige contra quienes se dedican a prestar cuidados esenciales.

No hay justificación posible. Que una auxiliar de ayuda a domicilio —una trabajadora que entra en casas ajenas a cuidar, acompañar y dignificar la vida de personas dependientes— sufra una agresión en el ejercicio de su labor es, simplemente, inaceptable. Así lo ha denunciado UGT Servicios Públicos, y no podemos quedarnos callados ante semejante atropello. La violencia, venga de donde venga, nunca es la respuesta, y menos aún cuando se dirige contra quienes se dedican a prestar cuidados esenciales.

Resulta inconcebible que estas profesionales, en muchos casos mujeres, tengan que salir a trabajar con miedo. No es parte del “riesgo del oficio” entrar en una vivienda y ser insultadas, empujadas o incluso golpeadas. Estamos hablando de un servicio que no solo alivia la carga de las familias, sino que también representa un derecho básico para quienes no pueden valerse por sí mismos.

El problema no es solo la agresión en sí, sino el silencio que muchas veces la rodea. Las trabajadoras temen denunciar por miedo a represalias, a perder el puesto o a ser señaladas. Necesitamos protocolos claros, protección efectiva y, sobre todo, una condena firme y sin matices por parte de la sociedad. Esto no va de ideologías ni de colores políticos, va de respeto, humanidad y justicia.

También es hora de que las administraciones pongan más recursos sobre la mesa. Las condiciones laborales de las auxiliares de ayuda a domicilio siguen siendo precarias en demasiados casos. Si de verdad valoramos su trabajo, debemos empezar por garantizar su seguridad y su dignidad. Cuidar a quienes cuidan no debería ser un eslogan bonito, sino una política real.

Y a quien se le ocurra alzar la mano contra una auxiliar, solo cabe decirle una cosa: no merece que nadie le tienda la suya.

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Ceuta, Jueves 06 de Agosto del 2026

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