Los últimos datos del CIS han caído como un jarro de agua fría en Ceuta: un 28,5% de insatisfacción absoluta con la sanidad pública. No es solo un número llamativo; es un aviso serio. Porque detrás de ese porcentaje hay personas que esperan, que sufren y que sienten que su salud depende más de la suerte que de un sistema que debería protegerlas.
