Ceuta se incorpora a un proyecto piloto que, bien planteado, puede suponer un avance importante en la atención sanitaria, pero que, mal ejecutado, también entraña riesgos que no deben minimizarse. El sistema de solicitud de órdenes de dispensación enfermera impulsado por el Consejo General de Enfermería abre la puerta a que estos profesionales indiquen y autoricen determinados medicamentos en el ámbito privado. La idea, en sí misma, no es negativa: reconoce el papel clave de la Enfermería y puede contribuir a agilizar la atención al paciente.
Ceuta se incorpora a un proyecto piloto que, bien planteado, puede suponer un avance importante en la atención sanitaria, pero que, mal ejecutado, también entraña riesgos que no deben minimizarse. El sistema de solicitud de órdenes de dispensación enfermera impulsado por el Consejo General de Enfermería abre la puerta a que estos profesionales indiquen y autoricen determinados medicamentos en el ámbito privado. La idea, en sí misma, no es negativa: reconoce el papel clave de la Enfermería y puede contribuir a agilizar la atención al paciente.
Sin embargo, conviene advertir que esta iniciativa puede ser tan buena como mala, dependiendo de cómo se implante y, sobre todo, de cómo se acredite a quienes vayan a ejercer esta función. No basta con una acreditación meramente administrativa. La clave debe estar en garantizar que dicha acreditación certifique, de forma real y rigurosa, los conocimientos clínicos necesarios y la seguridad a la hora de valorar la patología del paciente.
Las guías aprobadas —diabetes, hipertensión, infecciones urinarias no complicadas, heridas o anticoagulación, entre otras— abarcan procesos clínicos que requieren criterio, experiencia y capacidad de detectar signos de alarma. Un error de valoración puede tener consecuencias graves. Por eso, la ampliación de competencias no puede desligarse de una formación sólida, evaluable y actualizada, que asegure que el profesional sabe cuándo indicar un tratamiento y, especialmente, cuándo no hacerlo y derivar al médico.
El propio Consejo General de Enfermería reconoce el carácter generalista de las guías y recomienda el desarrollo de protocolos específicos en las consultas privadas. Esta advertencia no es menor: sin protocolos claros y sin una acreditación exigente, el riesgo de desigualdad asistencial y de inseguridad clínica es evidente.
Ceuta necesita soluciones que mejoren la atención sanitaria, pero no a cualquier precio. La dispensación enfermera debe ser un complemento seguro y bien regulado, nunca un atajo. El paciente debe estar en el centro, con garantías clínicas plenas, no como campo de pruebas de un sistema mal calibrado.
