El reciente descarrilamiento del tren de Iryo ha dejado un rastro de preguntas y, sobre todo, de indignación. Según las primeras investigaciones, una fractura de carril podría ser la causa principal, y no podemos quedarnos de brazos cruzados mientras se juegan vidas humanas. Este accidente no es solo un fallo técnico: es el reflejo de un gobierno que parece navegar entre la improvisación y la negligencia.
