Once plazas de bomberos siguen muertas, congeladas en un limbo que huele a desidia. No es mala suerte ni burocracia abstracta: es la “eficacia” del consejero Gaitán y la complacencia de la presidenta del tribunal, un tándem que ha logrado lo imposible, apagar una oportunidad pública a base de decisiones opacas y silencios incómodos.
