Hay historias que uno lee dos veces porque no se cree la primera. Y esta, la del supuesto desfalco dentro del CNIO, el centro que debería ser símbolo de esperanza en la lucha contra el cáncer, es de esas que revuelven el estómago. No porque ya no sepamos que existe la corrupción, sino porque aquí hablamos de dinero destinado a ciencia, a pacientes, a futuro… y que, según una denuncia interna, acaba diluido en contratos dudosos, favores de despacho y chanchullos de manual.