Jordi Sevilla ha puesto el dedo en la llaga con una advertencia incómoda: subir las pensiones a base de deuda puede sonar bien hoy, pero compromete las de mañana. No es una crítica menor ni un capricho tecnocrático; es una llamada de atención sobre un sistema que, si se estira sin respaldo real, acaba rompiéndose por el extremo más débil.