La Autopista Nacional
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Cuando un fiscal pide la nulidad de su condena y lo justifica en nombre de la “credibilidad” de la Fiscalía, a uno se le queda cara de póker. Porque la credibilidad no se proclama a gritos ni se usa como escudo personal: se gana con hechos, mesura y respeto a las reglas que se exigen a los demás.

Cuando un fiscal pide la nulidad de su condena y lo justifica en nombre de la “credibilidad” de la Fiscalía, a uno se le queda cara de póker. Porque la credibilidad no se proclama a gritos ni se usa como escudo personal: se gana con hechos, mesura y respeto a las reglas que se exigen a los demás.

García Ortiz se envuelve en la toga institucional para presentarse como víctima de “ataques”, pero olvida que quien ocupa un cargo así vive bajo el foco, y con razón. No es persecución exigir explicaciones; es higiene democrática. Y cuando la defensa suena más a pataleta que a argumento jurídico, el problema no es el ruido externo, sino la música interna.

La Fiscalía no es una trinchera ni un cortijo. Es una institución que debe parecer y ser independiente, prudente y ejemplar. Convertir un tropiezo personal en cruzada moral resulta, como mínimo, poco elegante. Y pretender que la institución quede a salvo mientras uno se sacude el polvo a codazos suena a excusa de mal perdedor.

Aquí no va de ataques, va de responsabilidades. De asumirlas sin dramatismos y sin dar lecciones. Porque si la credibilidad está en juego, lo último que ayuda es comportarse como un sinvergüenza que confunde el interés general con su propio ombligo.

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Ceuta, Miercoles 29 de Julio del 2026

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