El caos en Renfe vuelve a ser noticia. En los últimos días, un descarrilamiento y la aparición de una persona "no autorizada" en las vías han desatado un auténtico colapso en el servicio. Mientras algunos empleados aseguran que están haciendo todo lo posible por restablecer la normalidad, lo cierto es que la realidad que viven miles de pasajeros es bien distinta: retrasos interminables, trenes abarrotados y compromisos que se quedan en el aire. Renfe, una vez más, demuestra que su capacidad de respuesta ante incidencias graves deja mucho que desear.
