Es sorprendente que, en pleno 2024, todavía estemos debatiendo si la Guardia Civil debe ser reconocida como una profesión de riesgo. La noticia de que la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC) agradezca al Partido Popular su respaldo para este reconocimiento suena casi irreal. ¿Acaso alguien duda del riesgo que asumen cada día estos profesionales? Es de traca que a estas alturas, tras años de dedicación y sacrificio, aún no se les haya otorgado ese reconocimiento oficial.
Es sorprendente que, en pleno 2024, todavía estemos debatiendo si la Guardia Civil debe ser reconocida como una profesión de riesgo. La noticia de que la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC) agradezca al Partido Popular su respaldo para este reconocimiento suena casi irreal. ¿Acaso alguien duda del riesgo que asumen cada día estos profesionales? Es de traca que a estas alturas, tras años de dedicación y sacrificio, aún no se les haya otorgado ese reconocimiento oficial.
Cuando pensamos en profesiones de riesgo, nos vienen a la mente actividades donde la vida está en juego de manera constante, y sin duda, los guardias civiles encajan perfectamente en esa descripción. No se trata solo de situaciones extremas, como enfrentarse a delincuentes o intervenir en casos de terrorismo, sino también de tareas diarias, como patrullar las carreteras, custodiar fronteras o socorrer en situaciones de emergencia.
¿Qué más se necesita para reconocer lo obvio? Estos hombres y mujeres se juegan la vida para protegernos, y no otorgarles ese estatus de profesión de riesgo es un menosprecio a su labor. Mientras tanto, ellos siguen trabajando con profesionalidad, enfrentándose a los peligros que conlleva su puesto.
Es momento de que se haga justicia con la Guardia Civil. Reconocerles como una profesión de riesgo no es solo una cuestión de agradecimiento simbólico, es una obligación legal y moral que debe cumplirse sin más dilación.
