Es inaceptable que un servicio de ambulancias, cuya misión es auxiliar a las personas, niegue la asistencia a una mujer de más de 70 años, con dificultades de movilidad y con una orden médica de traslado. El caso de esta vecina de Ceuta, que tuvo que ser bajada a pulso por su hijo desde un cuarto piso sin ascensor, no es solo un incidente desafortunado; es un fallo grave en la atención sanitaria que merece una explicación y, más importante aún, una rectificación. ¿Cómo es posible que, en una situación tan delicada, la respuesta sea una rotunda negativa?
