Ceuta estrena radares móviles capaces de multar varias veces en un solo trayecto. Se nos dice que es para mejorar la seguridad vial y reducir la siniestralidad, lo cual es totalmente razonable y necesario. Sin embargo, este despliegue tecnológico despierta una duda importante: ¿por qué no se emplean los mismos esfuerzos para controlar el incivismo que convierte nuestras calles en un vertedero? Si multar a quien supera los límites de velocidad es prioritario, ¿por qué no hacer lo propio con quienes ensucian nuestra ciudad?
Ceuta estrena radares móviles capaces de multar varias veces en un solo trayecto. Se nos dice que es para mejorar la seguridad vial y reducir la siniestralidad, lo cual es totalmente razonable y necesario. Sin embargo, este despliegue tecnológico despierta una duda importante: ¿por qué no se emplean los mismos esfuerzos para controlar el incivismo que convierte nuestras calles en un vertedero? Si multar a quien supera los límites de velocidad es prioritario, ¿por qué no hacer lo propio con quienes ensucian nuestra ciudad?
Las aceras y parques de Ceuta están plagados de residuos, desde colillas y plásticos hasta muebles abandonados. Este abandono no solo daña la imagen de nuestra ciudad, sino que afecta directamente a la calidad de vida de los ceutíes. La Consejería de Gobernación, con el señor Gaitán a la cabeza, parece limitarse a una política de brazos cruzados, mientras los residuos se acumulan en plena vía pública. La presencia de cámaras de seguridad y vigilancia debería facilitar la identificación de estos comportamientos incívicos, pero hasta ahora no hay resultados visibles.
El presidente Vivas, que lleva años al frente de la ciudad, tampoco ha mostrado una respuesta contundente ante este problema que deteriora nuestro entorno a diario. Si se puede aplicar un radar móvil en una carretera, también debería ser posible implementar un sistema efectivo para sancionar a quienes convierten nuestras calles en un basurero. La tolerancia a la suciedad y el descubierto no solo es una cuestión de imagen, sino de respeto hacia el espacio común que todos compartimos.
Es necesario que la administración deje de mirar hacia otro lado y tomar decisiones firmes. El ejemplo que da una ciudad que penaliza al conductor pero permite que sus espacios públicos se degraden no es positivo. Ceuta necesita una gestión coherente que apueste tanto por la seguridad vial como por la limpieza y el civismo.
Una Ceuta más limpia y cuidada también es más segura. La ciudadanía espera soluciones, no solo multas.
