Lo de las navieras ya roza lo intolerable. El pasado domingo la compañía Armas acumuló retrasos de hasta una hora sin que nadie se dignara a dar una sola explicación. Ni una nota, ni un aviso, ni una disculpa. Nada. Como si los pasajeros fueran ganado y no personas que tienen compromisos, trabajo o familia que atender. Una falta de respeto mayúscula que, lejos de ser una excepción, se ha convertido en la norma.
